jueves, 1 de noviembre de 2012

Soledad
YODONA (27 octubre 2012)



  Sola, soledad... Un día se instaló en la casa. Quizá se coló por el quicio de la puerta. Quizá llegó como una espora, de maceta en maceta, de ventana a ventana, hasta que anidó en el ficus del salón. Tal vez aterrizó en las maletas de alguien que después se marchó y la dejó allí, olvidada. Primero se quedó en un rincón, un poco cohibida, sin atreverse a entrar en las estancias adonde no había sido invitada. Poco a poco, sin hacer ruido, empezó a asomarse a las puertas, a recorrer pasillo arriba, pasillo abajo. Siempre en silencio. Sin molestar. Ahora ya se pasea con pantuflas y su bata cruzada por todo el piso. A veces se sienta en el sofá o corretea a la cocina en cuanto huele a café. Ella nunca toma, por supuesto, pero el aroma la hace sentirse bien.

Ya no es una extraña. Se sabe de memoria cada rincón, cada detalle y cada minuto de la vida constreñida en esas paredes. La rutina le gusta, aunque ella se amolda a todo. Nunca protesta y, cuando llegan visitas, se retira al cuartito de los trastos. Y se entretiene con los retales, los álbumes de fotos y las antiguas carátulas de discos de vinilo. Sus tardes preferidas son las que nublan los vidrios de las ventanas. Afuera, el viento y la lluvia hacen de las suyas. Dentro, en ese lugar que ya es su hogar, las horas se mecen entre letras, melodías y los programas preferidos de la tele. A veces, de cuando en cuando, con alguna película cómica, oye una carcajada y se pone contenta. Sabe que no es una mala compañía. En realidad, siempre quiso que la llamaran de otro modo… libre, libertad.

1 comentario:

  1. Era su rincón preferido, al fondo, a la derecha, siempre se instalaba allí, en el corazón.
    Podía sentir lo que era, desolación, amargura, pena, no había nada que la sacara de ese sitio, ni la música, ni las palabras, ni siquiera el cariño.
    La situación había sido libremente elegida. Eligió respirar aire puro y vivía bajo una atmósfera viciada. Eligió volar y no encontró lugar donde desplegar sus magníficas alas. Eligió el color y se veía sólo en fotografías en blanco y negro.
    Pero llegó ella, y con solo su presencia, confundió su cabeza, tenía sensaciones raras, de incomodidad, notaba que algo pasaba, olía el viento, oía las flores, sentía la luz.
    Un día alguien dijo: te quiero, y salio de ese rincón escondido. Esta él, si, se lo decía a ella.
    Su vida cambió, su rincón desapareció, inundo todo su cuerpo. Ya no era desolación, ni amargura, ni pena, ya no se llamaba tristeza.
    Era la alegría, la que se quedo a vivir, y se oía la música, y se olía la flor y se veía la luz.
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    Emma de nuevo te damos las gracias, nos dejas, a los dos con las ganas de seguir escribiendo.

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