martes, 5 de enero de 2010

Soy la ilusión de la noche de Reyes. El delirio de unos. El sueño de otros. Soy el vestigio de un mundo antiguo sin respuestas. Un hechizo de luz para tiempos oscuros. Un truco de magia sin trampa.
Soy el personaje que le dicta al autor. La ficción tozuda que se escurre por la coraza de la realidad.
Esta noche, déjame improvisar un baile con tu presente, haz que duerma la razón.
Te regalo un espejismo en el que todo es posible.
Si te dejas llevar, recordarás qué era creer en mí, en aquellos días con sabor a leche con cacao, mantas pesadas en la cama y colonia familiar. Aquel tiempo en que la noche se vivía desde los vidrios fríos de las ventanas y las penas se diluían en lagrimones chillones.
Confía en mí. No trastocaré tu vida. Ni desmontaré tu torre de piezas de colores. El mundo real no me interesa. Sólo quiero que te entregues a mí.
Prepararé un conjuro con restos de quimeras, polvo de anhelos, una pizca de desvarío y un rastro cálido de sueño de verano.
Una pócima contra los días grises que roban el aliento. Contra las horas marcadas en la agenda. Contra los bostezos callados.
Sé que no soy inmortal. Apenas el triunfo efímero de un deseo.
Un instante.
Un respiro.
Ya sabes, tan sólo una ilusión.

2 comentarios:

  1. A mi cada vez me interesa menos el mundo real, ni los días grises, ni las agendas. Quiero que tú ilusión de la noche de reyes sea la ilusión de cada noche del año. Gracias por recordarme aquellos días con sabor a leche de cacao. Gracias por no escribir.

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